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¿FEMINISMO Y FÚTBOL?

Foto del escritor: Nayla E. Cruz
Nayla E. Cruz
hace 20 horas
9 min de lectura

KI, Collage, E. (2026)




Cuando las feministas intentan ocupar estos espacios, aparecen grupos reaccionarios que se sienten atacados o amenazados y recurren a discursos misóginos para invalidar la lucha feminista.



Katia Itzel será la primera mujer mexicana en ser convocada a un Mundial varonil y la cuarta en la historia en desempeñar este papel. Sin embargo, el nombramiento no les sentó bien a muchas personas. Internet explotó: desde que designaron a Katia Itzel García Mendoza como árbitra central, ha habido inconformidad en redes sociales. Quizá pienses: “Bueno, la gente siempre se queja en internet, ¿qué tiene de malo?”. El problema radica en la machósfera.


La era digital ha abierto nuevos espacios de conversación y comunidad. Las personas activistas también se han incorporado a éstos para generar conciencia sobre sus luchas, que suelen enfrentar dificultades derivadas de la dispersión geográfica: no es sencillo organizarse con personas que están lejos. El espacio digital rompe, al menos en parte, esa barrera y crea nuevas posibilidades de organización y comunidad.


Existe una gran variedad de formas de activismo en internet y en redes sociales, y el feminismo no quedó fuera de ellas. Sin embargo, cuando las feministas intentan ocupar estos espacios, aparecen grupos reaccionarios que se sienten atacados o amenazados y recurren a discursos misóginos para invalidar la lucha feminista. A ese conjunto de comunidades y discursos se le ha denominado machósfera.


Ávila Bravo-Villasante define la machósfera como “un tipo de comunidad digital conformada mayoritariamente por hombres heterosexuales blancos cuyos intereses y narrativas comunes se vertebran en torno al rechazo de las políticas de igualdad de género” (Ávila Bravo-Villasante, 2024). Por su parte, Delgado Ontivero y Sánchez-Sicilia denominan manosfera a la “difusión del antifeminismo en redes, especialmente en torno al conjunto de foros, páginas y perfiles” (Delgado Ontivero & Sánchez-Sicilia, 2023). Ambos trabajos permiten comprender la configuración de estos espacios y, en particular, la recepción negativa que tuvo la convocatoria de Katia Itzel.


Antes de abordar el espacio digital, conviene detenernos en el espacio físico. La lucha feminista ha buscado que las mujeres puedan acceder a los espacios públicos en los que desean participar, sin ser discriminadas por su género. La cancha ha sido uno de los espacios cuyo acceso ha estado marcado por esa desigualdad. El artículo “El juego de la desigualdad: Los espacios de discriminación en el futbol femenil en México” analiza este proceso de apropiación y señala dos razones por las que las instituciones excluyeron a las mujeres de las prácticas deportivas (Peña Vargas & Meza de Luna, 2025):


En primer término, se les consideraba seres débiles y se pensaba que el deporte podía afectar su salud, sobre todo su función reproductiva (Diez, citado en Sauleda et al., 2021). En segundo término, precisamente por su función reproductiva, debían limitarse a las tareas domésticas y de cuidado, lo que las excluía de la esfera pública. Los Juegos Olímpicos de la antigüedad constituyen un claro ejemplo. Las mujeres no podían competir ni asistir como espectadoras. (Peña Vargas & Meza de Luna, 2025).




Aunque ver fútbol con regularidad puede proporcionar conocimientos sobre el deporte, no considero que esa experiencia, por sí sola, proporcione las herramientas necesarias para analizar con rigor el desempeño de jugadores o árbitros.



Así, podemos entender que los espacios públicos, incluida la cancha, estuvieron históricamente reservados para los hombres hasta que las mujeres lucharon por acceder a ellos. Sin embargo, la presencia de las mujeres en la cancha no ha garantizado condiciones de igualdad. La brecha salarial atraviesa distintos campos laborales y, dado que el deporte profesional constituye también una actividad remunerada, el futbol no escapa a estas desigualdades materiales.


La discriminación histórica contra las mujeres en los espacios deportivos también alcanza los espacios digitales. Esa continuidad permite analizar cómo la exclusión física se articula con el discurso antifeminista de la machósfera.




De la calle a la cancha, Collage, E. (2026)




En los videos que abordaron el caso de Katia Itzel aparecieron numerosos comentarios negativos. Por ejemplo, el video de @flashmolotla en TikTok señala que el hate que recibe la árbitra es forzado, pero recibió numerosas críticas en las que se afirmaba que ella no estaba preparada o que era mala en su trabajo. El comentario más constante y despectivo sostenía que “no la iba a poner”. Cuando un hombre opina positivamente sobre el trabajo de una mujer, la comunidad incel de la machósfera puede interpretar esa defensa como una búsqueda de validación que implicaría cercanía sexual. Esto parte de una concepción de las mujeres como objetos de consumo: si, tanto en el espacio físico como en el digital, se las reduce a esa condición, su participación autónoma en la sociedad y en los espacios públicos resulta inconcebible. Desde esa lógica, incluso que un hombre reconozca el trabajo de una mujer se vuelve motivo de cuestionamiento.


También realicé un video en mi cuenta de TikTok, @nay.letrosa, en la que normalmente hablo de literatura, cine y feminismo. El video abordaba el mismo tema que este ensayo, pero sin aparato bibliográfico: expuse mi opinión sin recurrir a fuentes. El resultado fue similar al del video anterior. Los comentarios pueden encontrarse al inicio de este ensayo.



Katia Itzel García incursionó en el arbitraje amateur en 2015 y debutó en el ámbito profesional en 2016, por lo que cuenta con una trayectoria cercana a diez años en el arbitraje profesional.



Algunas personas justifican estos comentarios desde una supuesta posición de expertas o expertos. Aunque ver fútbol con regularidad puede proporcionar conocimientos sobre el deporte, no considero que esa experiencia, por sí sola, proporcione las herramientas necesarias para analizar con rigor el desempeño de jugadores o árbitros. Por supuesto, tienen derecho a opinar y a que no les guste una decisión; no todo tiene por qué agradarles, mucho menos si ya tenían una persona favorita para el puesto. Sin embargo, afirmar que Katia no está calificada o que su nivel no es equiparable al de otros árbitros descalifica una trayectoria profesional que puede contrastarse con datos. Además de ser una afirmación injusta, en este caso contradice el currículo de la árbitra.


Katia Itzel García incursionó en el arbitraje amateur en 2015 y debutó en el ámbito profesional en 2016, por lo que cuenta con una trayectoria cercana a diez años en el arbitraje profesional. A lo largo de su carrera ha participado en algunas de las competiciones más importantes del futbol internacional y nacional, entre ellas la Copa Oro W 2024 y la Copa Mundial Femenina de la FIFA Australia-Nueva Zelanda 2023. Asimismo, ha dirigido tres finales de la Liga MX, tanto en la categoría Sub-20 como en la Liga MX Femenil, y ha sido designada para torneos como la SheBelieves Cup y las eliminatorias de Concacaf en las categorías Sub-17 y Sub-20. También participó en el Premundial Concacaf W y en la Copa Mundial Femenina Sub-17 de la India, competiciones en las que la eligieron como árbitra central de las finales. Su reconocimiento internacional incluye la obtención del gafete FIFA en 2019 y la certificación internacional como árbitra VAR en 2024, credenciales que respaldan su preparación dentro del arbitraje mundial (Díaz, 2024). ¿No es suficiente este currículo?


Algunos comentarios también apelaban a que en el Mundial femenil había principalmente árbitras y que, en general, el arbitraje central de la liga femenil estaba compuesto por mujeres. Con ello pretendían sostener que los partidos de hombres debían ser arbitrados por hombres y los de mujeres, por mujeres. El problema es que esa idea confunde igualdad con una distribución rígida de espacios según el género. No considero que eso sea paridad. ¿Quién querría arbitrar partidos de la liga femenil si las condiciones salariales son distintas? Palma Hernández lo dejó claro en su nota para La Jornada:


El grupo de árbitros de la Liga MX Femenil, que ha servido para el desarrollo de las mujeres silbantes, también sufren por las desigualdades económicas con sueldos de apenas 4 mil 600 pesos por partido, cifra que dista mucho de los 38 mil pesos que ganan por encuentro los silbantes en Primera División, más los 33 mil pesos que perciben como salario mensual quienes tienen gafete FIFA. (Hernández, 2019, p. A14)


Aunado a ello, en las imágenes puede verse el comentario de Jesse James, quien sostiene que las mujeres abarcamos ciertos espacios y que, por ello, poseemos “dominación” de algunas esferas. Sin embargo, los espacios que menciona pueden reproducir estereotipos: algunas contrataciones surgen de la idea cultural de que las mujeres son “cuidadoras” o “productos de consumo”. En este último caso, además, se exige cumplir con cánones de belleza rígidos. Por ello, los espacios considerados “de mujeres” no se viven de la misma manera que los espacios “de los hombres”, pues también están condicionados por relaciones de opresión.


Esto no significa que los hombres no vivan bajo un sistema que los oprime. El machismo también los afecta: aunque exista un privilegio de género, son pocos quienes pueden acceder a trabajos que los satisfagan. Ahí se encuentra una diferencia importante en el discurso. Las mujeres no rechazamos determinados trabajos porque queramos que los hombres los realicen, como plantea Jesse James. Muchas mujeres han desempeñado esas labores. En general, el análisis feminista —particularmente el interseccional y el marxista— ha luchado por mejores condiciones laborales para hombres y mujeres. No querer desempeñar actividades hostiles no significa querer que otros las realicen; significa reconocer las condiciones en que se desarrollan y defender trabajos dignos y bien remunerados.




Los discursos machistas no desaparecerán de un día para otro, pero no deben determinar nuestros derechos. La paridad no es la solución definitiva, pero sí puede ser un primer paso.



Hay quienes consideran que la convocatoria respondió más a un propósito de género que al mérito profesional. Tal vez exista una dimensión de política de género en la decisión: las organizaciones deportivas internacionales intentan equilibrar la representación, ya sea por convicción o por una estrategia de imagen pública. En ese contexto, incluir a una árbitra central de uno de los países sede podía formar parte de esa estrategia. Pero me pregunto: ¿qué tendría de malo? Los hombres no están acostumbrados a ver a las mujeres en ámbitos de poder. Por eso existen, entre otras medidas, leyes de paridad de género: buscan corregir una desigualdad histórica en el acceso a los espacios de decisión. Incluso he leído comentarios según los cuales, si las mujeres fueran aptas, no necesitaríamos leyes que establecieran, por ejemplo, una composición paritaria de la Cámara de Diputados. Pero quienes sostienen esto pasan por alto una experiencia que muchas mujeres sí han vivido: tener las mismas o incluso mayores capacidades curriculares que un hombre y, aun así, ver que él obtiene el puesto. Las razones para excluir a las mujeres pueden ser abiertamente misóginas, desde considerar la posibilidad de un embarazo hasta asumir que somos “inferiores”, aunque el currículum indique lo contrario. Por eso, estas leyes no les dan oportunidades adicionales a las mujeres; buscan reducir uno de los privilegios de género que históricamente han favorecido a los hombres.




Mujeres tras el balón, Collage, E. (2026)




Y, para volver al caso de Katia, ¿acaso es injusto que haya sido convocada? A partir de las capacidades y la trayectoria que he mencionado, no. A decir verdad, sí considero que su convocatoria representa una cuota de género muy pequeña por parte de la FIFA, quizá suficiente para mostrar avances sin modificar de fondo la desigualdad: de 52 integrantes del cuerpo arbitral, solo dos mujeres dirigirán partidos, Katia Itzel García y Tori Penso, de Estados Unidos, quien fue árbitra de la final del Mundial femenino de 2023. Penso también ha recibido críticas en internet, entre ellas el calificativo pickpocket. Además de ellas, tres mujeres fueron designadas como árbitras asistentes y otra como oficial de videoarbitraje. En total, son seis mujeres de 52 integrantes, es decir, 11.52 %. Aunque la cifra es histórica, la diferencia sigue siendo considerable.


Por todo ello, conviene volver a la importancia del espacio virtual. Ya no se trata únicamente de un imaginario: también funciona como un espacio donde se hacen visibles las resistencias sociales al acceso de las mujeres a determinados ámbitos. Pero no quiero ser pesimista. El espacio digital también puede contribuir a cuestionarlo. Mientras sigamos analizando el fenómeno y mostrando el carácter violento y carente de fundamentos de esta narrativa, podremos avanzar hacia condiciones en las que las mujeres tengan las mismas oportunidades. Los discursos machistas no desaparecerán de un día para otro, pero no deben determinar nuestros derechos. La paridad no es la solución definitiva, pero sí puede ser un primer paso.




BIBLIOGRAFÍA


  • Ávila Bravo-Villasante, M. (2024). Machoesfera, discursos de odio y algoritmización de la esfera pública. Teknokultura. Revista de Cultura Digital y Movimientos Sociales. doi:10.5209/tekn.90501

  • Delgado Ontivero, L. S., & Sánchez-Sicilia, A. (2023). Subversión antifeminista: análisis audiovisual de la manosfera en redes sociales. Revista Prisma Social, (40), 181-212.

  • Díaz, A. (2024, 7 de marzo). ¿Quién es Katia Itzel García, árbitra mexicana que hace historia en la Liga MX? Recuperado de https://www.clarosports.com

  • Hernández, E. P. (2019, 17 de mayo). Árbitros de la Liga MX Femenil padecen sueldos bajos. La Jornada, p. A14.

  • Peña Vargas, F. M. de la, & Meza de Luna, M. E. (2025). El juego de la desigualdad: Los espacios de discriminación en el futbol femenil en México. Albores. doi:10.61820/alb.2954-3878.1672




Nayla E. Cruz es escritora desde que estaba aprendiendo a escribir su nombre, lo hizo mal, y lo llamó hipérbaton.



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