ROJAVA: ÚLTIMO FRENTE DE LA GUERRA NEOCOLONIALISTA CONTRA LOS PUEBLOS
- Serhat Tutkal

- hace 3 días
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Rojava, Collage, E. (2026)
Los ataques dirigidos contra Rojava y su gobierno autónomo representan la expresión más reciente de una lógica neocolonialista y, por tanto, no deben considerarse un fenómeno aislado.
Los recientes ataques perpetrados por las fuerzas de seguridad sirias contra la Administración Autónoma Democrática del Norte y Este de Siria (AADNES), liderada por fuerzas kurdas, deben entenderse como parte de una ola más amplia de violencia extrema ejercida por gobiernos respaldados por Estados Unidos en Asia Occidental. Como he señalado recientemente, los gobiernos aliados con la actual administración estadounidense —como los de Azerbaiyán, Israel, Siria y Turquía— parecen contar con autorización para eliminar de manera masiva a sus “otrxs” y cometer graves violaciones a los derechos humanos y crímenes de guerra (Tutkal, 2025).
Las imágenes difundidas en redes sociales, en las que se observa la mutilación y humillación de los cuerpos sin vida de lxs militantes kurdxs y sus aliadxs, así como las claras implicaciones de violencia sexual contra las militantes mujeres, constituyen manifestaciones de la deshumanización de lxs otrxs, uno de los pilares fundamentales del neofascismo (Tutkal, 2025) liderado y respaldado a nivel mundial por la actual administración estadounidense. Los ataques dirigidos contra Rojava y su gobierno autónomo representan la expresión más reciente de una lógica neocolonialista y, por tanto, no deben considerarse un fenómeno aislado.
Hasta ahora, hemos observado esta lógica neocolonialista en la violencia genocida ejercida contra Gaza, así como en el posterior llamado “Plan de paz para Gaza” y en el establecimiento de una “Junta de Paz” de carácter colonial. También fuimos testigxs de su continuidad en las declaraciones del presidente estadounidense Donald Trump durante la rueda de prensa posterior a la intervención militar en Venezuela. Este neocolonialismo no surge de la nada, sino que ha sido promovido por círculos académicos y por supuestxs expertxs de extrema derecha desde la primera campaña presidencial de Trump. Aunque actualmente está encabezado por su gobierno, este proyecto neocolonial es asumido por un movimiento transnacional de extrema derecha que trasciende las fronteras de los Estados Unidos. Hoy, su objetivo es Rojava; por ello, todos los movimientos progresistas y lxs intelectuales deberían comenzar de inmediato a construir un frente anticolonialista unificado contra este ataque neocolonialista.
Una expresión particularmente clara de estas ideas neocolonialistas puede encontrarse en el artículo retractado de Bruce Gilley, originalmente publicado en Third World Studies, titulado “The case for colonialism” (Gilley, 2017). El argumento central del texto quedaba explícito desde el resumen: “El colonialismo occidental fue, por regla general, objetivamente beneficioso y subjetivamente legítimo en la mayoría de los lugares donde se implantó”. Gilley sostenía que “la ideología anticolonial infligió graves daños a los pueblos sometidos y sigue obstaculizando el desarrollo sostenido y un encuentro fructífero con la modernidad en muchos lugares”. Asimismo, concluía que el colonialismo podía recuperarse de tres maneras: mediante la reivindicación de los modos de gobierno coloniales; la recolonización de ciertas zonas; y la creación de nuevas colonias occidentales desde cero.
Cuando incluí este texto en un curso de posgrado que diseñamos junto con un colega en El Colegio de México, titulado Colonialismo, deshumanización, fronteras y migraciones, surgieron cuestionamientos en torno a su inclusión, bajo el argumento de que se trataba de las ideas de una figura irrelevante que nadie en posiciones de toma de decisiones políticas compartía. Esto ocurrió durante el primer mes del semestre de otoño de 2024, poco antes de la elección de Trump como nuevo presidente de los Estados Unidos. Yo había propuesto dedicar una sesión a los discursos de legitimación del colonialismo, y el texto de Gilley formaba parte de las lecturas obligatorias. Hoy resulta difícil sostener que su inclusión fuera confusa o injustificada.

Defender Rojava, Collage, E. (2026)
Gilley consideraba que el retorno del colonialismo sería un favor para los pueblos racializados, supuestamente incapaces de gestionar eficazmente sus propias instituciones. Le preocupaba, sobre todo, “cómo motivar a los países occidentales para que volvieran a ser coloniales” y nos hicieran ese supuesto favor a todxs lxs que estaríamos condenadxs al atraso. Esta preocupación se debía, según él, a que “el colonialismo probablemente representaba una pérdida de dinero para las potencias imperiales”. Se trataba, sin duda, de un problema complejo; sin embargo, Gilley se asumía como un pensador lo suficientemente agudo como para proponer la solución perfecta: “Se les pagaría a los Estados coloniales por sus servicios, lo que sería un importante incentivo para tener éxito”. Una solución brillante: pagar a los Estados coloniales por su “generosa” intervención. El pago podría realizarse mediante petróleo o minerales de tierras raras, como probablemente se le ocurrió a un actual presidente de los Estados Unidos.
Lxs palestinxs eran despojados de toda moralidad por naturaleza y representados como una amenaza permanente, independientemente de sus acciones, como si fueran monstruos.
Las ideas de Gilley no difieren sustancialmente de las justificaciones tradicionales del colonialismo. Como escribió Thomas R. Adam en 1955, la colonización implicaba “el control político de un pueblo subdesarrollado cuya vida social y económica está dirigida por el poder dominante” (Adam, 1955), y los pueblos colonizados eran concebidos como pueblos dependientes que se beneficiaban de la tutela colonial. Albert Memmi explicó, apenas dos años después de la publicación del libro de Adam, que las colonias ofrecían a lxs colonizadorxs enormes oportunidades económicas y sociales, como empleos garantizados, salarios más altos, promoción profesional, beneficios empresariales, impuestos más bajos, materias primas y mano de obra barata (Memmi, 2003). Sabemos, además, que la cuestión planteada por Gilley acerca de cómo motivar a los gobiernos occidentales para convertirse en colonizadores no resulta tan difícil de responder: no fue necesario demasiado esfuerzo para convencer al gobierno de Bush de invadir Afganistán e Irak. De ahí que hoy asistamos a un neocolonialismo dirigido tanto contra los llamados países del “Sur Global” como contra lxs migrantes racializadxs en el interior de los Estados occidentales.
Hemos sido testigxs de la violencia deshumanizante y del posterior neocolonialismo en Gaza. El pueblo palestino fue monstruizado hasta el punto de afirmar que no existían civiles inocentes en Gaza (Ingram, 2024). En este discurso, lxs palestinxs eran despojados de toda moralidad por naturaleza y representados como una amenaza permanente, independientemente de sus acciones, como si fueran monstruos. Al ser denominadxs “animales humanos” (Fabian, 2023), se insinuaba también que carecían de las capacidades cognitivas necesarias para gobernarse a sí mismxs. Estos discursos de animalización y monstruización formaban parte de un marco racista más amplio, que concebía a los pueblos racializados como menos que humanos. Como resultado, quienes huyen de la violencia estructural y de la agresión militar hacia los llamados países del “Norte Global” vuelven a enfrentarse a la violencia en el exilio, al ser percibidxs ya sea como potenciales contaminadores o como seres subdesarrollados incapaces de ejercer plenamente sus derechos políticos.
La autoridad internacional de transición en Gaza se sustenta en las premisas teóricas de un neocolonialismo profundamente deshumanizador. En primer lugar, se parte de la idea de que el pueblo de Gaza es incapaz de gobernarse a sí mismo, por lo que se justifica su administración por actores extranjeros con la colaboración de algunxs actorxs locales. En segundo lugar, se considera que dicho pueblo representa una amenaza demasiado peligrosa como para ser dejada sin supervisión, lo que legitima su vigilancia por actores extranjeros supuestamente “civilizados”, encargadxs de reprimir esta amenaza ontológica. Finalmente, Gaza sería transformada en la llamada “Riviera del Medio Oriente”, generando beneficios económicos que compensarían el “duro trabajo” de lxs neocolonizadorxs.
Los primeros discursos posteriores a la intervención militar estadounidense en Venezuela siguieron un patrón similar. Trump declaró de inmediato que “nos quedaremos hasta que se produzca la transición adecuada” (“Trump says U.S. will ‘run’ Venezuela and sell seized oil in remarks on the strikes”, 2026). Este discurso dejaba claro que lxs venezolanxs eran consideradxs incapaces de administrarse adecuadamente, por lo que Estados Unidos debía asumir el control para convertir a Venezuela en un vecino estable. Al mismo tiempo, el pueblo venezolano era presentado como una amenaza para Estados Unidos y para la civilización que éste dice representar. Esta monstruización se vincula directamente con la representación de lxs migrantes latinoamericanxs como amenazas dentro de Estados Unidos desde el inicio del segundo mandato de Trump. Se trata de un discurso racializante que construye a lxs latinoamericanxs como peligros tanto dentro como fuera del país, imponiéndoles la carga constante de demostrar que no constituyen una amenaza, del mismo modo que ocurre con los pueblos racializados de Asia Occidental y África.
Ha llegado el momento de que todxs lxs oprimidxs se unan y enfrenten esta nueva ola de neocolonialismo, no desde un optimismo ingenuo basado en ilusiones, sino desde una esperanza revolucionaria fundada en un análisis concreto de las condiciones existentes.
Lo que el movimiento neocolonialista busca imponer en Gaza a través del gobierno israelí y en Venezuela mediante algunxs colaboradorxs locales, intenta replicarlo en Kurdistán por medio de los gobiernos sirio, turco e iraquí. El objetivo es establecer una administración neocolonial a través de ciertos Estados-nación de la región que “emergieron como parte del orden colonialista y tienden a colaborar con el neocolonialismo en cuestiones estratégicas” (Tutkal, 2025). La destrucción de la administración autónoma de Rojava supondría no sólo un genocidio contra el pueblo kurdo, sino también la eliminación de una alternativa democrática al orden colonialista vigente en el llamado “Sur Global”. Como se ha observado de manera reiterada, el actual gobierno de Estados Unidos prefiere aliarse con grupos supremacistas afiliados a antiguos enemigos, como Al Qaeda o el Estado Islámico, antes que apoyar a comunidades democráticas, ya que los primeros suelen mostrarse más dispuestos a aceptar una nueva fase de neocolonialismo, siempre que se les permita ocupar un lugar subordinado en su estructura de poder. Éste ha sido, históricamente, el papel desempeñado por Turquía desde su fundación. No resulta casual, tampoco, que una de las primeras exigencias del gobierno sirio haya sido el control de los yacimientos de petróleo y gas, así como de todos los recursos energéticos de Rojava, reproduciendo así las demandas formuladas en el Kurdistán del Sur, una región autónoma bajo jurisdicción iraquí que desde hace años padece una invasión turca constante (Community Peacemaker Teams, 2024). Es previsible que estos recursos sean utilizados conforme a los intereses de las empresas transnacionales y de los gobiernos neocolonialistas.

Futuro de Rojava, Collage, E. (2026)
Este neocolonialismo explícito exige la construcción de un movimiento anticolonial transnacional organizado. Lo que ocurre en Rojava es el resultado de ideas darwinistas sociales que sostienen la supuesta inferioridad de ciertos pueblos y culturas. De ahí que algunos gobiernos se sientan con la libertad de disponer de las vidas de personas de Asia Occidental, África y América Latina, ya sea como migrantes dentro de sus fronteras o en sus hogares, a miles de kilómetros de los centros de poder colonial. Nuestra respuesta debe ser aún más audaz y evitar la defensa acrítica del status quo. Defender un orden plagado de desigualdades y problemas estructurales insostenibles sólo porque resulta preferible al neocolonialismo y al neofascismo implica una pérdida de tiempo, energía y legitimidad. En su lugar, debemos impulsar proyectos políticos alternativos que adopten una perspectiva aún más crítica y revolucionaria. Ha llegado el momento de que todxs lxs oprimidxs se unan y enfrenten esta nueva ola de neocolonialismo, no desde un optimismo ingenuo basado en ilusiones, sino desde una esperanza revolucionaria fundada en un análisis concreto de las condiciones existentes. Esto requiere un compromiso activo con el pueblo de Rojava y con su derecho al autogobierno en medio de la violencia colonialista. El mundo no puede permitir que lo sucedido en Gaza se repita en Rojava, si no queremos que continúen los ataques genocidas destinados a imponer el neocolonialismo como nuevo orden mundial.
BIBLIOGRAFÍA
Adam, T. R. (1955). Modern colonialism: Institutions and policies. Doubleday & Company, Inc.
Community Peacemaker Teams. (2024). Civilian Casualties of Turkish and Iranian Military Operations in Northern Iraq: January 1991—June 2024. Community Peacemaker Teams - Iraqi Kurdistan. https://cptik.org/s/English-Civilian-Casualty-Report-No-Names-compressed-9mnj.pdf
Fabian, E. (2023). Defense minister announces ‘complete siege’ of Gaza: No power, food or fuel. The Times of Israel. https://www.timesofisrael.com/liveblog_entry/defense-minister-announces-complete-siege-of-gaza-no-power-food-or-fuel/
Gilley, B. (2017). The case for colonialism. Third World Quarterly, 1–17. https://doi.org/10.1080/01436597.2017.1369037
Ingram, D. (2024). Israeli government sparks outcry with X videos saying “there are no innocent civilians” in Gaza. NBC News. https://www.nbcnews.com/tech/social-media/israel-posts-video-saying-are-no-innocent-civilians-gaza-rcna157111
Memmi, A. (2003). The Colonizer and the Colonized. Earthscan Publications.
Trump says U.S. will “run” Venezuela and sell seized oil in remarks on the strikes. (2026). NPR. https://www.npr.org/2026/01/03/g-s1-104346/trump-venezuela-maduro-press-conference
Tutkal, S. (2025). La importancia de Asia Occidental en la lucha contra el neofascismo. Revista Filos Crítica. https://www.revistafiloscritica.com/post/la-importancia-de-asia-occidental-en-la-lucha-contra-el-neofascismo
Serhat Tutkal es investigador posdoctoral de la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación en El Colegio de México. Es doctor en Ciencias Humanas y Sociales por la Universidad Nacional de Colombia. Ha publicado varios artículos sobre la violencia política, el racismo y la deshumanización en Asia Occidental y América Latina.







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