LOS PROBLEMAS DE ARGENTINA. LA REFORMA LABORAL DE MILEI
- Lautaro Pizarro Bazán

- hace 9 horas
- 6 Min. de lectura

Y la champaña que descorchan hoy
Guarden los corchos para un bote hacer
Que viene el río del hambre y la sed
Y ya no hay goles que den de morfar.
"Marado" de Los Piojos
Mientras el descontento social crece, la capacidad adquisitiva disminuye; las protestas son cada vez más masivas y, también, más violenta y salvaje la represión institucional.
Mi amigo —mexicano hasta el tuétano— está en videollamada con Boxu (su novio de China). Yo estoy a un lado leyendo noticias sobre mi país. Mi amigo me filma un momento. Yo saludo y él le explica algo. Sólo entiendo que repite “Āgēntíng de wèntí”: “los problemas de Argentina”. Boxu asiente, pero ¿cómo un extranjero puede entender los problemas de Argentina?
Parecen inconcebibles. Puras noticias desoladoras: el cierre progresivo de fábricas; las represiones continuas a jubilados; el incremento de los incendios en la Patagonia; la reducción de la edad de imputabilidad a 14 años; la posición alucinada de apoyo a Israel por parte del presidente; la subyugación calenturienta de nuestro gobierno frente a Estados Unidos. Mientras el descontento social crece, la capacidad adquisitiva disminuye; las protestas son cada vez más masivas y, también, más violenta y salvaje la represión institucional. Asimismo, se incrementan el apoyo y la promoción de las fuerzas policiales y de su actividad represiva. Estos, junto con sectores de la sociedad que apoyan a Milei —enardecidos por lo que se difunde en internet—, normalizan que, por ejemplo, a un periodista le hayan abierto el cráneo por el impacto de una granada lacrimógena disparada sin respetar ningún estatuto que garantice la protección de la vida humana. Hacen chistes, festejan y ríen ante estos acontecimientos. Los límites se desdibujan y el tejido social se corroe.
Acontecimientos históricos se suceden semana tras semana, pero el que voy a mencionar ahora atraviesa todo límite por su alevosía. El 20 de febrero de 2026, entre marchas populares y represiones en distintas capitales del país, se aprobó la “Ley de Modernización Laboral” que, como una parodia siniestra de Volver al futuro y con la crudeza de un capítulo de Black Mirror, nos retrotrae cien años en materia de derechos laborales bajo la excusa de adecuarnos a los tiempos que corren. Todo “de un putazo”, como dicen acá en México. La reforma, acusada de esclavista por sus detractores, modifica aspectos centrales de la Ley de Contrato de Trabajo, establecida en 1976, en plena dictadura cívico-militar, así como sus reformas posteriores. Estos cambios —como veremos más adelante— atentan contra estatutos internacionales de derechos humanos y contra conquistas laborales oficializadas en 1946 por el primer gobierno peronista, fruto de luchas constantes y de la sangre derramada por generaciones de laburantes.
¿Cómo entender este cúmulo de atropellos que transforma una ley concebida para proteger a los trabajadores? Puede empezarse por la eliminación de la categoría político-jurídica “justicia social” del texto (art. 11), que funcionaba como principio para equilibrar la relación desigual entre empleador y empleado. Es desigual porque el trabajador necesita el empleo para vivir y el temor al despido condiciona su voluntad. No nos engañemos: las relaciones contractuales en Argentina ya se caracterizaban por negociaciones colectivas condicionadas, flexibilización e informalidad, desventajas que aumentaron en la última década. Sin embargo, lo que hoy indigna es la oficialización de esa desigualdad, otorgándole al empleador un poder casi sin límites sobre la vida del trabajador.
Aunque la jornada semanal mantiene un máximo de 48 horas, el empleador puede distribuirlas a su conveniencia: cuando hay más trabajo, la jornada puede extenderse hasta 12 horas sin pago de horas extras, compensándolas luego con jornadas de cuatro horas.
Se eliminaron, además, las normas que limitaban el Ius Variandi, es decir, la potestad del empleador de modificar unilateralmente condiciones laborales como el tiempo de trabajo, cuando ello implicara una conducta abusiva. El atropello contra derechos adquiridos hace cien años, en lo relativo al descanso, transforma a las personas en máquinas dedicadas al trabajo, mientras la vida social y familiar se vuelve un privilegio inmerecido.
La agregación del art. 197 bis crea un “régimen de horas extras, banco de horas y francos compensatorios”, uno de los puntos más criticados. Aunque la jornada semanal mantiene un máximo de 48 horas, el empleador puede distribuirlas a su conveniencia: cuando hay más trabajo, la jornada puede extenderse hasta 12 horas sin pago de horas extras, compensándolas luego con jornadas de cuatro horas. Así, el patrón dispone del tiempo del trabajador según su interés, trasladándole el riesgo económico de la empresa.

MILEI Labora, Collage, E. (2026)
Históricamente, las horas extras encarecidas desalentaban la extensión de la jornada y protegían el descanso. El banco de horas beneficia sólo al empleador y reduce los ingresos del trabajador. Además, las vacaciones, que tenían un mínimo de 14 días anuales, ahora pueden fraccionarse hasta un mínimo de siete días y dejan de ser un derecho anual para volverse obligatorias cada tres años.
En este panorama, algunos trabajadores informales que apoyan la reforma sostienen que siempre trabajaron en negro y que quizá ahora su situación cambie. Los ahogados se aferran a un hierro ardiendo. Pero el aura de legalidad no sólo protege estos abusos: los promueve. El oficialismo promete más contratación, mientras reduce drásticamente los costos de despido. La indemnización deja de ser cubierta por la empresa y pasa a financiarse con fondos destinados a las pensiones, a través del Fondo de Asistencia Laboral (FAL), que recibirá un 3 % de los aportes previsionales. Pan para hoy, hambre para mañana: jubilados y trabajadores pagan el ajuste que, en campaña, se prometió a “la casta”.
La ley también regula la huelga imponiendo la prestación obligatoria del 75 % de los servicios en actividades esenciales y del 50 % en las de importancia trascendental, en tensión con el art. 14 bis de la Constitución. Se restringe la organización colectiva y la expresión del conflicto.
Mientras crece la angustia, sectores cada vez más derechizados se deleitan con las críticas a la reforma, calificándolas como “lágrimas de zurdos”. Se silencian las protestas señalando los errores de un peronismo fragmentado.
Se eliminó, además, el art. 121 de la Ley 24.660, que reconocía la remuneración del trabajo penitenciario, lo que afecta estándares de derechos humanos y dificulta la reinserción social. La única supresión favorable fue la del art. 44, que permitía reducir el salario entre 50 % y 70 % durante licencias médicas.
Mientras crece la angustia, sectores cada vez más derechizados se deleitan con las críticas a la reforma, calificándolas como “lágrimas de zurdos”. Se silencian las protestas señalando los errores de un peronismo fragmentado. Aunque Unión Por la Patria (el partido progresista de corte peronista) aportó la mayor cantidad de votos en contra, referentes provinciales peronistas apoyaron la ley con su voto o con su ausencia. Circulan acusaciones de que se “vendieron” a cambio de fondos para obra pública, recursos que el gobierno había suspendido con la excusa del déficit fiscal.
Se vulnera el derecho humano a condiciones dignas de trabajo. El núcleo de la reforma convierte a la persona trabajadora en mercancía, útil solo para producir, sin garantizarle vida social. La dignidad se vuelve un costo; la voluntad patronal, mandato.

La última hora argentina, Collage, E. (2026)
Mientras se votaba la ley en Diputados, un paro general detuvo el país. Algunos medios calcularon el dinero “perdido”, invisibilizando la riqueza que producen los trabajadores cada día. El vocero presidencial recordó que al gobierno anterior no le hicieron paro. La expresidenta Cristina Kirchner celebra su cumpleaños en arresto domiciliario; el peronismo no se recompone; la izquierda trotskista lucha, pero no supera el 3 % electoral.
Y, mientras tanto, la gente subsiste y persiste. Entrenada para sobrevivir a crisis sucesivas. Desde afuera todo parece irreal, como una vela que se apaga a lo lejos. Los cambios en Argentina anuncian noches cada vez más oscuras, seguidas de fuegos que arrasan: no como fantasía insurreccional, sino como aullido de pobreza y desesperación, con las viejas cicatrices de la dictadura siempre a punto de abrirse. ¿Llegarán los milagros de la Virgen de Guadalupe hasta el sur del continente? Y ni así siento que sería suficiente.
Lautaro Pizarro Bazán es licenciado en Antropología por la Universidad Nacional de Córdoba (Argentina) y maestro en Estudios de Asia y África con especialidad en China por El Colegio de México. Sus líneas de investigación principales se centran en las políticas culturales, la expansión global de China, la antropología del Estado y el papel de las organizaciones no gubernamentales.







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