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CLARA BRUGADA: ANIMALISMO Y CICLOVÍAS COMO MÁSCARAS DE UNA FALSA IZQUIERDA

  • Foto del escritor: Cecilia Mendoza Ventura
    Cecilia Mendoza Ventura
  • hace 1 día
  • 12 Min. de lectura

 Dos caras poco Claras, Collage, E. (2026)
Dos caras poco Claras, Collage, E. (2026)



La 4T se despidió de alcaldías clave como la Cuauhtémoc y Coyoacán por la falta de trabajo con las bases y la nula selectividad de las candidaturas propuestas.




Quejarse de la clase política es una práctica cotidiana. Si bien la actual Jefa de Gobierno de la Ciudad de México puede ser foco de críticas como cualquier otra funcionaria pública, la decepción respecto a su pésimo desempeño, a un año de resultar electa, tiene consecuencias relevantes para la izquierda partidista y el futuro de la capital del país.


Cuando Clara Brugada apareció como uno de los perfiles más fuertes para la candidatura de la Ciudad de México, las líneas de la izquierda partidista más comunitaria se mostraron optimistas, pues Brugada ha sido una figura respetada por su trabajo político con las bases sociales de la alcaldía de Iztapalapa y su larga trayectoria dentro de la militancia de izquierda. Hasta ese momento parecía que la entonces alcaldesa era uno de los pocos activos de Morena en los que valía la pena confiar, más aún en un contexto en el que el partido fundado por Andrés Manuel López Obrador se encuentra integrando a sus filas a personajes, y estableciendo alianzas, cada vez más cuestionables. De este modo, para la izquierda partidista Brugada resultaba una verdadera alternativa, especialmente frente a figuras como Omar García Harfuch, que también buscaba perfilarse como candidato a pesar de los antecedentes que lo vinculan a la construcción de “la verdad histórica” en el caso de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa.


Por otro lado, la victoria o fracaso de Brugada en las urnas de las elecciones de 2024 no significaba poca cosa: en los últimos años la Ciudad de México, una entidad que históricamente ha votado por partidos de centroizquierda, ha dado un paulatino giro hacia los partidos y coaliciones de derecha. La 4T se despidió de alcaldías clave como la Cuauhtémoc y Coyoacán por la falta de trabajo con las bases y la nula selectividad de las candidaturas propuestas. Debido a esto, el triunfo de Brugada no sólo fue la reafirmación de que la mayor parte de la capital sigue votando por partidos “progresistas”, sino que también fue una oportunidad más para demostrarle a la ciudadanía que puede seguir confiando en “la izquierda”, aunque quizá ésta sea la última oportunidad antes del viraje total de cara a la oposición.


Así, pues, Brugada ganó la jefatura de gobierno con un aproximado de 51 % de votos del electorado total —aunque tomando en cuenta que ese porcentaje significó 2 millones 888 mil votos (Animal Político, 2024), podemos deducir que la mayoría de los capitalinos siguen absteniéndose de participar en elecciones—. Entre sus propuestas más relevantes de campaña, la Jefa de Gobierno buscaba impulsar la construcción de una red de cuidados auspiciada por el Estado, tanto para niños como para personas con discapacidad y de la tercera edad. También planteó líneas de trabajo en aspectos que siempre han sido fundamentales para la vida de la Ciudad de México, como transporte público, vivienda y agua; y, aunque quizá no fue su bandera principal, había expectativas sobre su proyecto en materia de género al tener como allegadas a feministas sumamente reconocidas como Marta Lamas, Ana Francis López Bayghen Patiño o Julia Álvarez Icaza Ramírez (Mundo Ejecutivo, 2024).


Sin embargo, a un año de su administración, Clara Brugada se ha enfocado de forma preocupante en sólo dos aspectos: las políticas animalistas y el Mundial de Fútbol de 2026. Aún cuando ambos elementos formaban parte de su programa de gobierno, se trataba de propuestas secundarias cuyos procedimientos no venían advertidos en las letras pequeñas del contrato, dejando de lado los problemas más apremiantes de la ciudad.


Animalismo sin perspectiva social


Desde inicios del 2025, una iniciativa ciudadana respaldada por poco menos de 30,000 firmas fue el punto de partida para encaminar al gobierno capitalino a la prohibición de las corridas de toros. A pesar de que la prohibición no triunfó del todo, pues se implementaron una serie de medidas para llevar a cabo “corridas de toros sin violencia”, puede afirmarse que la fiesta brava quedó erradicada de la Plaza México e incluso del logo de la estación de Metrobús de Ciudad Deportiva. 


En octubre del mismo año, una nueva iniciativa buscaba regular a los locatarios del Mercado de Sonora dedicados a la venta o uso de animales. Las manifestaciones provocaron enfrentamientos y agresiones entre animalistas y locatarios. Los primeros exigieron la prohibición sin más y, en entrevistas, empezaban a apuntar a su próximo objetivo: la prohibición del sacrificio animal en rituales de religiones afrodescendientes, principalmente en la santería —una religión por demás estereotipada y mal entendida en México—. Por su parte, aunque estas medidas en apariencia pueden parecer progresistas, las políticas fueron ejecutadas con pocas bases en la ley, con nula perspectiva social y con una política criminalizante y punitiva. 


Al respecto, reafirmo las palabras de Evelyn Beatrice Hall, comúnmente atribuidas a Voltaire, que rezan: "Puedo no estar de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo". La frase anterior, que quizá condensa la filosofía liberal como ninguna otra, se popularizó por la importancia que existe en nuestra cultura política de llevar a cabo el debido proceso en aras de no cometer una injusticia o prevenir las arbitrariedades del poder, incluso cuando se trate de temas o personas con los que no estamos de acuerdo. Dicho de otro modo, permitir hoy una arbitrariedad para otro significa dejar la puerta abierta para que el día de mañana la arbitrariedad sea perpetrada contra nosotros. Más aún, lo que más sorprende hasta el momento respecto de la falta de crítica ante las prohibiciones animalistas no ha sido tanto la carencia de perspectiva social y de clase, que en este sistema falta desde hace mucho; sino que suceda encuadrada en un entorno capitalista y liberal, del que esperaba al menos alguna objeción a la arbitrariedad y a los cuestionables procedimientos del gobierno capitalino.




El animalismo vende y genera simpatía por parte de la ciudadanía por medio de titulares de periódico si se les lee de forma acrítica, pero si se analizan las consecuencias a profundidad deja de parecer una resolución fácil o justa.



De tal modo conviene ahondar en los hechos mencionados para revelar las inconsistencias de sus conclusiones. Acerca de la prohibición de las corridas de toros en particular, debería resultar alarmante que la toma de decisión de una prohibición surgiera basada en una iniciativa de tan sólo unos 30 mil ciudadanos en una ciudad de aproximadamente 20 millones de habitantes. La prohibición, que avanzó en un lapso acelerado de 4 meses, se dirige a un mercado que, entre toreros, banderilleros, sastres, transportistas, ganaderos y otros, se calcula que abarca al menos 40 mil trabajos formales alrededor del país y 80 mil empleos informales (Mediotiempo, 2019).


El caso del Mercado de Sonora no es menos preocupante: aunque poca gente quiere escuchar a los comerciantes, en entrevistas para medios como Imagen Noticias, los locatarios expresaron la profunda preocupación de quedarse sin alternativas laborales, pues tras décadas y generaciones dedicadas a la venta de animales, el gobierno no les daba más respuesta que “dedicarse a otra cosa”. Un comerciante expresaba: “nos van a dejar a nuestra suerte. Cerramos y 300 familias a nuestra suerte”; “ la regularización sí la queremos, no estamos en contra del bienestar animal. Lo que el gobierno nos diga pero que nos dejen trabajar” (Imagen Noticias, 2025).


Cabe preguntarse por qué el gobierno de Morena considera que es relevante realizar consultas populares para algunos asuntos de la vida pública y para otros no y cuáles son los criterios que estipulan la necesidad de una y no de otra. En este caso, probablemente una consulta popular habría apoyado la prohibición de ambas prácticas, pero quizá una consulta ciudadana también le habría permitido a los trabajadores involucrados opinar y buscar vías de comunicación y negociación con el gobierno de una forma más justa. Es así como la prohibición sin consulta, en el peor sentido de la palabra, fue una imposición de la Jefa de Gobierno.




Toros en la ciudad, Collage, E. (2026)




El animalismo vende y genera simpatía por parte de la ciudadanía por medio de titulares de periódico si se les lee de forma acrítica, pero si se analizan las consecuencias a profundidad deja de parecer una resolución fácil o justa. La contradicción llega al grado de que otras prácticas, como la charrería, no fueron modificadas por el gobierno capitalino porque, en palabras de la propia Jefa de Gobierno, “han probado su identidad y arraigo” (Boletín del gobierno de la Ciudad de México, 2025). 


Es menester incentivar diálogos con auténtica representatividad para la toma de decisiones, que en este caso incluye a las personas que se dedican a actividades relacionadas con animales, cuya exclusión de las decisiones políticas ya ha dejado pésimos antecedentes en la capital mexicana. Para continuar con el hilo de esa exposición, en 2014, por ejemplo, el gobierno de la Ciudad prohibió el uso de animales en circos. La iniciativa, propuesta por el Partido Verde —ya de por sí cuestionable— se aplaudió tanto por medios de comunicación como por parte de la ciudadanía, pero sin reparar en cómo se llevaría a cabo la medida.


  Para sorpresa de los más animalistas, al no tomar en cuenta a las familias de cirqueros, el destino de los animales “rescatados” se resolvió sin transparencia y sin asesoría profesional. A los pocos meses, algunos periódicos reportaban las pésimas condiciones en las que se encontraban leones, tigres y otras especies grandes de felinos. Sin personas que mantuvieran a estas especies para otros fines, el resultado fue igualmente cruel: leones acorralados en jaulas diminutas, desnutridos y totalmente desatendidos de sus necesidades básicas.


Por si la evidencia del fracaso no hubiera bastado, en 2022 salió a la luz el escándalo de la fundación Black Jaguar-White Tiger, una organización multimillonaria que contaba con los permisos de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA) ubicada en el Ajusco, que aparentaba ser un refugio para jaguares, linces y leones, muchos de los cuales habían sido recogidos de circos o del tráfico ilegal. El caso, develado por denuncias ciudadanas, mostró a estos animales hacinados, hambrientos, en espacios sucios y deplorables. Black Jaguar desviaba muchos de los fondos y donaciones recibidas, de tal suerte que el dinero no se utilizaba para los fines que señalaba ni fue supervisada como debía. Desde donde es posible concluir que las políticas prohibicionistas, mal manejadas y con la corrupción habitual de por medio, perjudican más a los animales de lo que los ayudan. 


La lección del caso de los circos y Black Jaguar no es menor: la tauromaquia, las peleas de gallos, la charrería y los locales del mercado de Sonora constituyen mundos con un funcionamiento interno que sus trabajadores y aficionados conocen mejor que nadie. La intervención desinformada en estas prácticas puede tener fines catastróficos, que más allá de las consecuencias sociales, tienen consecuencias funestas para los propios animales.



 

¿Por qué se está ejecutando una agenda política por la que la mayor parte de los capitalinos no votaron? ¿Se trata realmente de problemas mayores o se trata de las propias inclinaciones personales de la Jefa de Gobierno, que lleva a sus perros a todas las conferencias de prensa?



El 2026 arrancó con otro problema generado desde el pretexto del animalismo: en enero, más de 500 perros fueron desalojados del Refugio Franciscano y fueron trasladados a diferentes albergues de la ciudad bajo el argumento de que estaban siendo rescatados de condiciones de maltrato. A los pocos días, se llevó a cabo una manifestación en el Zócalo debido a que el personal del Refugio Franciscano sostiene que el operativo no se dio por denuncias de maltrato, sino por disputas por el predio con la Fundación Haghnbeck y de la Lama, donde se están desarrollando proyectos inmobiliarios (N+, 2026). 


Así pues, mientras la Ciudad de México lleva décadas sin políticas ambientales importantes y mientras los proyectos inmobiliarios y automovilísticos reducen cada vez más las pocas áreas naturales que quedan –como el Ajusco o Xochimilco: hogar de animales endémicos en verdadero peligro de extinción como el ajolote o el teporingo—, la Jefa de Gobierno enfoca prácticamente toda su energía e influencia en problemas menores que, considera, le cuelgan grandes medallas a nivel mediático.


La verdadera pregunta es, ¿por qué se está ejecutando una agenda política por la que la mayor parte de los capitalinos no votaron? ¿Se trata realmente de problemas mayores o se trata de las propias inclinaciones personales de la Jefa de Gobierno, que lleva a sus perros a todas las conferencias de prensa? ¿Habrá alianzas políticas que estén detrás de estas iniciativas implementadas con tanta presión y urgencia?


Ciclovía y limpieza social


En su programa de gobierno, Clara Brugada ya había mencionado, prácticamente al final del documento, que aprovecharía “el escaparate global que representa la realización del Mundial de Fútbol en 2026, para proyectar la imagen internacional de la ciudad, ofrecer un gran programa cultural y deportivo, promover el turismo y atraer nuevas inversiones” (Brugada, s.f.). Lo que no mencionó es que la estrategia sería al estilo Sandra Cuevas.


El 1 de abril de 2025 la Jefa de Gobierno anunció el proyecto de la Ciclovía “Gran Tenochtitlan”, que recorrería Calzada de Tlalpan, una de las vías neurálgicas de la capital, con el fin de conectar el Zócalo con el Estadio Azteca. Una vez más, aunque la construcción de una ciclovía puede sonar bien en una ciudad que históricamente ha priorizado el uso del automóvil, los costos sociales y de movilidad lo convierten en uno de los peores proyectos urbanos planteados en los últimos años, ya que Tlalpan es una vía “rápida” —cualquiera que conozca la Ciudad de México sabe que las vías principales ya no logran desahogar la cantidad de tráfico y caos que empeora día a día—. Quitarle un carril a esta calzada, evidentemente, no ayudará a resolver el problema, pero lo peor es que el diseño de la ciclovía expone tanto a los ciclistas como a los automovilistas a accidentes: incorporarse a la vía rápida tiene una enorme cantidad de puntos ciegos para unos y para otros, las posibilidades de frenar de forma segura son limitadas y en algunos tramos de la avenida los ciclistas tienen que cruzar prácticamente de un extremo a otro sin la existencia de semáforos.





Ciclovías, Collage, E. (2026)




En este sentido, cabe preguntarse por qué no se tomó en cuenta la calle de Bolívar, que corre de forma paralela a Tlalpan pero con mucho menos tránsito, como una alternativa para la ciclovía. Más aún, cabe cuestionar de qué manera, a poco más de un año, el gobierno de Clara Brugada va a resolver las demandas de los vecinos del Pedregal de Santa Úrsula, que desde hace algunos años denuncian falta de agua, falta de empleo, inseguridad y una serie de injusticias por parte del gobierno con el proyecto de remodelación del Estadio Azteca (Expansión, 2025).


Por otro lado, en medio de la crisis inmobiliaria, injusticia social y gentrificación, el gobierno de la 4T ha priorizado impulsar el desalojo de trabajadoras sexuales y comerciantes que laboran en los pasos subterráneos de la avenida Tlalpan desde hace décadas. Las trabajadoras sexuales, uno de los sectores más vulnerables a nivel laboral (la mayoría mujeres y muchas de ellas madres solteras o proveedoras de hogares) denuncian que han perdido hasta el 70 % de su salario y que el gobierno de la Ciudad de México está realizando un acto de limpieza social (Animal Político, 2026). 




Las decisiones que está tomando en este momento la Jefa de Gobierno tendrán consecuencias irreversibles para el futuro de la movilidad ciudadana [...] y [...]  para el voto de las personas en las próximas elecciones. 



Si ya de por sí es indignante que un gobierno que se dice de izquierda y con representantes feministas ejecute de esta forma sus proyectos turísticos, lo es aún más el trato a estos sectores de la ciudadanía: las trabajadoras sexuales denuncian que el gobierno no ha cumplido los términos de las negociaciones, aún cuando las promesas han sido tan miserables como la asignación de despensas, que en todo caso les resolverían temporalmente gastos en alimentos.


Por su parte, los comerciantes de los pasos subterráneos se han manifestado en los últimos días de enero y de febrero denunciando a la empresa Servimet de intento de despojo. Junto con ciclistas y ciudadanos, han formado un frente antigentrificación, que sobra decir que no debería ser necesario ante un gobierno que prometió regulaciones y justicia urbana (La Jornada, 2026).


¿Por qué al gobierno de la 4T le aterra tanto que los turistas sepan que hay prostitución en México —como si, de hecho, ese no fuera un objetivo muchas veces del turismo—? ¿Qué hay de malo en los locales subterráneos? ¿Clasismo, prejuicios, menosprecio? Entonces, ¿qué diferencia a este proyecto urbano de cualquier otro que hubiera diseñado el Partido Acción Nacional (PAN) o cualquier otro partido de derecha?


A manera de cierre...


Las decisiones que está tomando en este momento la Jefa de Gobierno tendrán consecuencias irreversibles para el futuro de la movilidad ciudadana, las condiciones de justicia de los espacios, el trabajo de miles de capitalinos y, sobre todo, para el voto de las personas en las próximas elecciones. 


Si bien se han puesto en marcha algunos proyectos de transporte público, muchos de ellos se estaban desarrollando desde el gobierno de Claudia Sheinbaum, dejando a los espacios educativos de las Utopías y a algunos impulsos a la vivienda social como el único aspecto positivo del gobierno de Clara Brugada hasta ahora. Mientras tanto, los problemas más apremiantes de la capital como la falta de agua y su aprovechamiento, el tráfico, la seguridad, la falta de transporte público digno en las periferias y la gentrificación siguen en la lista de espera.




BIBLIOGRAFÍA





Cecilia Mendoza Ventura, historiadora por parte de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y  diplomada en Estudios sobre África por parte del Programa Universitario de Estudios de Asia y África (PUEAA) de la UNAM. Actualmente es maestrante en el Centro de Estudios de Asia y África (especialidad África) del Colegio de México. Entre sus intereses y líneas de investigación principales se encuentran la historia política, la historia del continente africano y los fenómenos políticos relacionados con violencia, etnicidad, nacionalismo e identidad.





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