DESTERRANDO EL PENSAMIENTO NEOLIBERAL
- Roksanda Ludwika Suárez Najarro

- hace 3 días
- 7 Min. de lectura
Seguir ideas, no personas

PENSAMIENTO, Collage, E. (2026)
El gobierno puede tener el poder, el dinero, la fuerza pública
pero jamás tendrá la organización que tienen los pueblos.
Samir Flores Soberanes, activista y defensor del territorio nahua en Amilcingo, Morelos
Los “Chicago Boys” implementaron y promovieron políticas de libre mercado (neoliberalismo), desregulación, control monetario y privatizaciones durante la dictadura militar de Augusto Pinochet.
Desde que tengo memoria, en nuestra región latinoamericana somos criados bajo la narrativa de que sólo podemos vivir en un único contexto dominante, cuyo objetivo es seguir configurando la realidad económica, política y social en la que nos encontramos adoctrinados, iniciando con nuestra formación educativa y extendiéndose hasta la explotación y precarización de nuestros tiempos, cuerpos y trabajos, para perpetuar la lógica del consumo, de la mano invisible del capital que, día a día, se nos impone como única vía de permanencia y adaptabilidad.
Para exponer mejor lo anterior quiero continuar con la siguiente pregunta ¿Qué es el neoliberalismo?
El neoliberalismo, que en realidad agrupa a diversas escuelas económicas no pretende volver en absoluto al liberalismo clásico: lo rebasa con creces. El neoliberalismo exige sí un mercado libre y en teoría "autorregulado" sin intervención estatal, pero a diferencia del liberalismo clásico es macroeconómico, globalizador y monetarista al máximo. A diferencia del liberalismo clásico que postulaba un Estado árbitro, el neoliberalismo más extremo se basa en un concepto de "Estado subsidiario" de los mercados, y así lo teoriza claramente, preconizando la anulación del papel del Estado no solo en sus intervenciones económicas sino en sus prestaciones sociales, que defiende limitar al máximo, y que según el deben también privatizarse y regularse por criterios de mercado (Anders, 2026).
Un claro ejemplo de este neoliberalismo contemporáneo es la escuela de los “Chicago Boys”, un grupo de economistas chilenos formados en la Universidad de Chicago bajo la influencia de economistas estadounidenses como Milton Friedman y Arnold Harberger. Estos implementaron y promovieron políticas de libre mercado (neoliberalismo), desregulación, control monetario y privatizaciones durante la dictadura militar de Augusto Pinochet en las décadas de 1970 y 1980, tras el golpe de Estado contra el gobierno de Salvador Allende, lo que provocó un cambio radical y desfavorable en la economía de Chile y América Latina (Fuentes, 2021).
Un claro ejemplo de este neoliberalismo contemporáneo es la escuela de los “Chicago Boys”, un grupo de economistas chilenos formados en la Universidad de Chicago bajo la influencia de economistas estadounidenses como Milton Friedman y Arnold Harberger. Estos implementaron y promovieron políticas de libre mercado (neoliberalismo), desregulación, control monetario y privatizaciones durante la dictadura militar de Augusto Pinochet en las décadas de 1970 y 1980, tras el golpe de Estado contra el gobierno de Salvador Allende, lo que provocó un cambio radical y desfavorable en la economía de Chile y América Latina (Fuentes, 2021).
En términos más precisos, se trata de una tecnocracia constructiva que emplea un modelo basado en la desregulación y la flexibilización laboral, lo que provoca una profunda desigualdad y precarización de la vida de las mayorías. Sostiene que la educación, la salud, las pensiones y los servicios públicos deben quedar al servicio de empresas privadas y ser gestionados por estas bajo criterios de rentabilidad, reduciendo o incluso eliminando el papel del Estado de bienestar para instaurar la lógica del mercado en todas las esferas de la vida social.
Cabe mencionar que aún se confunde con frecuencia el mercado con el capitalismo, por lo que resulta importante distinguirlos. En el capitalismo, los medios de producción pertenecen al sector privado y el Estado interviene de forma limitada en la economía; en cambio, el mercado puede existir bajo la dirección y regulación estatal, como sucede en China, donde el gobierno mantiene el control de sectores estratégicos y orienta la economía hacia objetivos sociales y nacionales. Así, China combina la existencia del mercado con la planificación estatal y una mayor redistribución del crecimiento y el desarrollo.
Debemos cuestionar el individualismo extremo que nos ha inculcado la idea del mérito individual y seguir denunciando al sistema que lo reproduce como única vía de adaptación y progreso.
En Latinoamérica ocurre lo contrario: nuestros gobiernos rara vez han mostrado la intención de involucrarnos e informarnos de manera veraz sobre la construcción de nuevos modelos económicos, políticos y sociales como alternativas a estos ajustes estructurales; por el contrario, perpetúan los ya establecidos, en los que persiste una disparidad desmedida, con estructuras donde la riqueza se concentra en manos de unos pocos mientras la miseria se mantiene en el resto. De igual manera, se nos sigue etiquetando como las mal llamadas “masas incapaces” de educarse, organizarse y defenderse de la opresión de quienes permanecen en la cima.
Para desterrar este pensamiento neoliberal es necesario ir más allá de la crítica al libre mercado y a la privatización de nuestros recursos y derechos. Debemos cuestionar el individualismo extremo que nos ha inculcado la idea del mérito individual y seguir denunciando al sistema que lo reproduce como única vía de adaptación y progreso.

ChicagoBoys, Collage, E. (2026)
Es imprescindible emprender procesos de deconstrucción, desterrando una idea a la vez, dejando de asumir que no hay alternativa y rompiendo con el sentido común de un modelo económico, político y social que nos quiere aislados y compitiendo entre nosotros, hasta conducirnos a la pérdida de derechos universales y al sentimiento de soledad del trabajador frente a un mercado que lo trata como mera mercancía.
Lo que propone Noam Chomsky* en su libro La (Des)educación es que el papel de los intelectuales y de los jóvenes activistas comprometidos con lo colectivo sea desafiar la autoridad, y no servirla. De ahí surgen dos figuras que el propio lingüista explica: “el intelectual auténtico” frente a “el comisario”.
Se enfatiza que, mientras el primero cultiva un pensamiento crítico e independiente, cuestionando las estructuras establecidas para abrir nuevas posibilidades de transformación social, el segundo, por el contrario, se limita a repetir consignas, vigilar ideas ajenas y servir a un poder dominante.
Se trata de recuperar la noción del trabajo como un derecho social, fortalecer la negociación y la organización colectivas y comprender que la economía social y solidaria puede contribuir a reconstruir un Estado de bienestar sólido que garantice derechos sociales universales.
El marco de nuestra batalla cultural consiste en erradicar ese pensamiento neoliberal de nuestras prácticas cotidianas, entendido como sinónimo de libertad y modernidad; desmantelar los mandatos que llevamos interiorizados y romper con la hegemonía cultural para desnaturalizar esas ideas asumidas como única verdad. Superar este sistema implica buscar modelos alternativos que permitan crear espacios de resistencia y acción, y sustituirlo por paradigmas centrados en lo colectivo, lo público y la sostenibilidad de la vida.
Se trata de recuperar la noción del trabajo como un derecho social, fortalecer la negociación y la organización colectivas y comprender que la economía social y solidaria puede contribuir a reconstruir un Estado de bienestar sólido que garantice derechos sociales universales. Esto supone, asimismo, proteger los bienes comunes: el acceso al agua, a la salud, a la educación, a una vivienda digna sin especulación, a un trabajo que dignifique el esfuerzo y el tiempo de quienes trabajan, y a pensiones que, por ley, corresponden a las personas jubiladas. También implica promover una mayor movilidad social que fomente sociedades más justas y cohesionadas, reduzca la desigualdad y permita la igualdad de oportunidades para transformar de manera real la condición socioeconómica de las personas, por encima de cualquier interés privado. Porque disfrazar de desarrollo procesos que excluyen, marginan a los sectores más vulnerables y sobreexplotan nuestras tierras no es progreso, sino exclusión y destrucción.
Vengo de Guatemala, país vecino al sur de México; soy hija de inmigrantes que salieron de su tierra en busca de una mejor condición y calidad de vida, como tantas otras familias latinoamericanas que han vivido el despojo, la migración forzada y la lucha por la dignidad. Mi historia es personal, pero también colectiva: así como en México, también en el centro y sur de la región somos, en cierto modo, hijos del “neoliberalismo”, de ese sistema económico que ha privilegiado la exportación de nuestros recursos y la explotación de la mano de obra por encima del desarrollo interno de nuestros países, donde las economías se configuran para el extractivismo y el saqueo extranjero, y no para la gente.

Demonioneoliberal, Collage, E. (2026)
Es crucial denunciar y romper la complicidad de las instituciones educativas y gubernamentales con los plutócratas, cuyo objetivo ha sido mantenernos desintelectualizados para preservar el orden social dominante, sostenido en un consumismo que privilegia el tener por encima del ser; frente a ello, debemos buscar por nosotros mismos la verdad de nuestras sociedades y rechazar las manipulaciones ideológicas de la clase dominante, comenzando a organizarnos para superar la pérdida de comunidad y solidaridad. Es decir: “Tenemos que salir de la época en que nos ordenan, nos mandan y obedecemos. Nos tenemos que autoordenar y automandar” (Mujica, 2023, p. 172).
Alzarnos en resistencia y apoyo mutuo implica pasar del yo al nosotros, rompiendo con los patrones que se repiten.
Nuestra historia nos exige preservar, proteger y dignificar nuestras raíces y culturas; no permitir que se perpetúe esa brecha desigual e injusta entre ricos y pobres, donde la concentración de la riqueza beneficia siempre al capital a costa de la desprotección y precariedad de nuestros pueblos. Un pueblo con memoria y comunidad no se doblega; un pueblo que se une y no se rinde sigue luchando, y lucha para no dejar en manos de quienes detentan el poder la esperanza de las próximas generaciones ni la resistencia de quienes han padecido estas mismas estructuras, porque no se trata de falta de adaptación, sino de sometimiento a un sistema incompatible e insostenible con la vida y con la gente.
Alzarnos en resistencia y apoyo mutuo implica pasar del yo al nosotros, rompiendo con los patrones que se repiten. Es imperativo desaprender para volver a aprender y construir nuevas formas de pensar, actuar y vivir, donde se priorice sostener ideas y defenderlas por encima de cualquier autoridad, porque otro mundo no solo es posible, sino necesario.
*La figura del lingüista y activista de izquierdas Noam Chomsky ha sido objeto de controversia en los medios de comunicación, derivada de revelaciones sobre su relación con el financiero y delincuente sexual convicto Jeffrey Epstein. Esta polémica ha generado una tensión bastante considerable en el debate público y académico. Ofrezco una disculpa por cualquier inconveniente que esta mención pueda causar, pero la incluyo únicamente como contexto necesario para seguir desarrollando el propósito central de este artículo
BIBLIOGRAFÍA
Chomsky, N. (2001). La (des)educación. Barcelona, España: Crítica.
Chomsky, N. (1967). La responsabilidad de los intelectuales. New York Review of Books.
Ruiz, S. A. (2023). Chomsky y Mujica: sobreviviendo al siglo XXI. Ciudad de México, México: Debate.
Ventura, C. M. (2025). Universidades: ¿La tumba del pensamiento crítico?. Consultado en: https://www.revistafiloscritica.com/post/universidades-la-tumba-del-pensamiento-crítico.
Anders, V. (2026). NEOLIBERALISMO. Etimologías de Chile - Diccionario Que Explica el Origen de las Palabras. https://etimologias.dechile.net/?neoliberalismo.
Fuentes, C. (2021). Chicago Boys. DEBATE.
Roksanda Ludwika Suárez Najarro es estudiante de Lengua y Literatura en la Universidad IEU (Puebla). Tiene interés en la literatura rusa y en los estudios latinoamericanos relacionados con la historia, lenguas, cultura, política, violencia e identidad regional. Actualmente colabora con la Revista Filos crítica para sus ediciones de Instagram.



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